lunes, 4 de noviembre de 2013

De nuevos andares con los mismos zapatos

Publicado por Unknown en 17:09
Como la luz que sale del sol por las mañanas, todo el mundo debería intentar dar lo mejor de sí mismo, intentar escalar hasta lo más alto y brillar por como es y nada más. Habrá gente a la que le guste y habrá gente a la que no (qué le vamos a hacer, hay gente que odia el sol), pero inequívocamente, mientras seas tú mismo/a te gustarás a ti mismo/a, y creo que eso es lo importante.

Bien, parte positiva hecha, y la pienso, que conste, pero claro...cuando una está de bajón porque le han pasado muchas cosas, lo que más la reconforta es tener a alguien a su lado (si lo tiene) que la anime y la mime un poquito, sacando una sonrisa a pesar del esfuerzo y el pesar del día. Ya no digo estar ñoño o algo así, porque en fin, puedo ser romántica perdida y todo eso, pero tampoco soy tan, TAN cursi como para estar las 24hras del día pegada a él como una lapa.
Pero mimos, sí. Sí señores. Los mimos lo arreglan todo y a la vez, no solucionan nada.
Sin embargo puedo decir a voz abierta que pese a "tener a alguien", lo que no tengo es amor. O si lo tengo, lo ignoro, porque desde luego, tal cual me estoy sintiendo de arropada estos días, casi que mejor estar consolándome yo misma, surte más efecto y encima no estoy triste.
Recientemente he tenido una conversación sobre el tema con varias personas, y ha habido una clara diversidad de opiniones (aunque algunas eran bastante iguales, cabe decir) respecto a su comportamiento: que no se da cuenta de las cosas, que es un despistado, que está marcando la raya porque aún no está preparado, que está inseguro...etc.
¿Y qué pienso yo?
Pues no lo sé.
Yo simplemente no sé qué pensar. Sólo sé que me ciño a la frase "¿Cómo puedes ser feliz con alguien que te trata como a un ser humano normal y corriente?" de Oscar Wilde, cita que me encanta y que considero absolutamente cierta, como la vida misma. ¿Cómo puedo sentirme tan...igual a todos los demás para él? 
Quizá estoy pidiendo demasiado, porque hace tan solo un mes (y unos pocos días más) que llevamos esta...¿relación?
La verdad es que no sé cómo llamarlo, porque es una situación complicada. Y no me gustan las situaciones complicadas. No me gusta estar en la incertidumbre. No me gusta no saber entender qué es lo que le pasa por la cabeza cada vez que está conmigo. 
Simplemente no me gusta, me hace sentirme insegura. Y odio sentirme insegura, yo, que soy la reina de las desvergüenzas.
Una persona muy capaz me dijo hace un tiempo que, a medida que pasaba la vida, uno se daba cuenta de las cosas que son realmente importantes; el trabajo, las cosas materiales...eso es absolutamente reemplazable, pero algo tan preciado como las relaciones (ya sean de carácter romántico, amistoso o familiar), es inigualable. Es algo que no debería valorarse ni ponerse por debajo del trabajo.
Si bien con esto no quiere decir que lo dejemos todo por X persona, sino que siempre hay que sacar un poquito de tiempo para dedicárselo a aquellas personas que apreciamos; a aquello que de verdad importa.

De hecho, yo soy de esas personas que opinan que mientras uno quiera, puede conseguir hacer tiempo para lo que sea.  Siempre, como sea, sobre todo si se trata de algo importante. El problema (ya no solo de este caso, sino en general, también) es que mucha gente antepone aquello efímero e innecesario frente a aquello que realmente puede llegar a llenar el alma.

Entonces, si me baso en esta premisa, ¿debo pensar que no soy alguien importante para él porque prácticamente no tiene tiempo para mi, incluso cuando estoy un poco de bajón? ¿O debo pensar que es normal porque, teniendo en cuenta el poco tiempo que llevamos, no le ha dado tiempo a enamorarse de mí o sucedáneos?
La verdad es que no sé cual es la respuesta y es algo que me frustra, pero no acabo de animarme a hablarlo con él. Sé que debería pero como he dicho antes, hace muy poco tiempo que la cosa ha empezado y una parte de mí dice "deja pasar un tiempo, y si ves que no avanza, da un paso y apuéstalo todo a una mano", pero la otra, sin dudas, llora y se debate en arduas luchas internas cada día por no sucumbir ante la presión que me provoca la situación.
Es complicado, lo sé. Y a la vez no, también lo sé.

Pero qué le vamos a hacer, estoy sintiéndome como una pobre adolescente hormonada y enamorada (aunque por suerte, se me ha pasado un poco la edad del pavo...creo).

Atte.
Una que se muere del dolor de espalda.

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